
Una guía de lugares con encanto
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Un día jueves antes de clases decidimos pasarnos por Casa Manterola, una cafetería, fábrica de confites, reconocida por sus mazapanes, chocolates y turrones.
Llegamos y nos encontramos con un mundo de dulces y sabores, la vitrina llena todo tipo de productos, estantes con turrones y clientes conversando felizmente. Había olor a café y a desayuno.
No teníamos mucha esperanza de conocer al dueño ni mucho menos de que nos concediera una entrevista, pero los astros se alinearon y ¡Lo logramos!
Encontramos a Mikel Manterola tras el mostrador y accedió a que le hiciéramos unas preguntas.
Primero, nos mostró la sala que solía ser el antiguo taller de chocolate, uno de los productos estrella de antes, dado que el dueño nos contó que hoy destacan los mazapanes.
“¿No le había dicho cuál era el sabor favorito del mazapán de aquí?
Mazapán en hierba y café. Café o trufas. O trufas, sí, porque tienen muy buena pinta las trufas. Trufas y café durante el año. O sea, somos una cafetería-pastelería.”
(Mikel Manterola, 2026)


Covi comenzó con las preguntas más destacadas, empezando por aquellas que definen bien la marca, colores, asociaciones y significados, y luego por las más formales…
C: ¿Y un color que los represente?
M: El color emblemático que tenemos es el rojo, es el de las cajas esas, pero sí, el rojo. Si no, el marrón de chocolate y el café.
C: ¿Quién comenzó con este negocio?
M: Mira, este negocio empezó con Cándido López, que casó a su hija Tomasa con un Manterola que vino de oro. Por eso, y ahí empezó, empezó en 1810, en la calle Zapatería, que tenemos dos siglos y veinte años. Y era un gremio de cereros y confiteros, vale, porque la conserva antes era con azúcar.
C: ¿Y ha cambiado mucho el negocio a lo largo de los años?
M: Totalmente, ha cambiado. Bueno, sobre todo, el que lo impulsó muchísimo después de la guerra fue mi abuelo. Hubo una temporada muy buena, que lo llevó una tía suya, que era la dueña del Manterola. Durante dos temporadas lo han llevado mujeres, una fue mi tía, una fue mi abuela, la tía Carmen. Y otra vez fue mi madre, porque también se quedó viuda, y lo llevó, lo impulsó mucho. Pero el que le pegó, lo convirtió en una industria del chocolate, que se hacían 5.000 tabletas al día. Pastelería, muchas conservas, porque antes no había supermercados. Antes el Manterola vendía en toda Navarra. Pues ese fue Antonio, mi abuelo. Ha cambiado muy bien, entonces ahora nos hemos reducido. Pero ahora mantenemos el mazapán, las pastas de almendra y de mantequilla, las trufas. Y luego, durante el año, café, pastas, trufas, bizcochos, bollería, pinchos. Es una cafetería que en navidades vendemos muchísimo mazapán.
C: ¿Y siguen siendo los Manterolas?
M: Sí, yo creo que soy la sexta o la séptima general.






C: ¿Y tienen clientes de siempre?
M: Todos los clientes son de siempre. En verano hay bastante turismo, cada vez más. Hay gente del camino satélite. Los clientes son de siempre. De siempre, por ejemplo, el mazapán es un producto y el dulce es un producto muy evocativo. O sea, a ti te gusta el dulce, lo que has probado de pequeño. Entonces, en mazapán, vendemos muchísimo mazapán. Porque vienen las hijas de las madres que siempre habían venido a comprarnos mazapán para invitar a toda la familia y dar los besos. O sea, que sí, es una clientela con padres.
C: Y si tuviera que recomendar este negocio a alguien, ¿qué le diría?
M: Este negocio. Le diría que para estar un rato a gusto, para hacer buenos regalos, para tener unos buenos productos, para disfrutar con la familia, que venga aquí a comprar mazapán, a comprar turrón, a regalar trufas.


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C: ¿Y qué significa para usted esto?
M: Esto es mi vida. Ha pasado toda mi vida aquí. Ha habido épocas más duras. Ahora estamos en una época más dulce. Estamos mejor. Y es que ha sido mi vida. Y luego ha sido muy familiar. Desde pequeño estuve aquí. Ayudábamos todos a mis padres. Había muchísimo trabajo. O sea que es mi vida y, a la vez, he procurado también un poco desligarme de ese aspecto tan emocional que te hace perder soltura. Y entonces ahora esto es un negocio. Es una empresa actualizada que da rendimientos, que la gente trabaja a gusto. Es una empresa.
La entrevista terminó con Mikel invitándonos a recorrer el lugar y a ver de cerca el árbol genealógico que decora la pared, el cual realizó su esposa como manualidad. Este cuenta con los nombres desde las primeras generaciones en adelante.
También pudimos observar distintas láminas coleccionables que pertenecían a los chocolates antiguos, todas enmarcadas como decoración.
Luego, caminamos a través del pasillo para poder ver el salón de té que armó y decoró la propia madre de Mikel, habían cuadros, marcos combinados con el papel mural y documentos antiguos del local arreglados de forma decorativa.
Lo que más nos gustó fue un auténtico brasero antiguo que colgaba de la pared, contrastando con el patrón suave rosa pastel del papel mural. Nos fuimos del lugar encantadas y con ganas de volver, aún más al conocer toda su historia.
Le dimos un último adiós al lugar y a la vitrina, sacamos más fotos del exterior, y seguimos nuestro camino en búsqueda de más lugares especiales…








